¿Ser feliz lleva a ser esclavo de los demás?

¿Ser feliz lleva a ser esclavo de los demás?

El otro día, leí una entrevista del filosófo navarro Gregorio Luri en la que hablaba sobre niños felices y los padres y profesores que buscaban eso en el día a día de sus hijos y alumnos. Destaco una frase que fue sin duda la que más me llamó la atención; "Los padres que quieren hijos felices tendrán adultos esclavos de los demás". Perdone, señor. No todos los niños que han sido felices en su infancia son esclavos de los demás en su vida adulta. ¿De verdad ser feliz lleva a una vida adulta de esclavitud? 
Me parece, que mucha gente confunde lo que es el concepto de felicidad. De todas las definiciones que he buscado de esta palabra me quedo con la siguiente; según la Wikipedia, la felicidad es un estado emocional que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada. Es una condición interna de satisfacción y alegría que ayuda al ser humano. Entonces…¿los niños que consiguen sus metas y sus objetivos y por eso son felices serán de mayores esclavos de los demás? ¿Los niños alegres y satisfechos consigo mismos serán en el futuro manipulados por el resto del mundo? No lo entiendo. 
Para que un niño sea feliz, no hace falta colmarle de regalos, ni consentirle, ni sobreprotegerle, ni permitirle todo. De hecho, esos niños serán los que después de unos años tendrán problemas con sus iguales. Los niños que han tenido normas y límites, que se les ha reforzado las cosas que han hecho bien, que se ha hablado con ellos sobre las que han hecho mal y que se les ha educado con inteligencia emocional, pueden ser niños plenamente felices e íntegros. 
La mayoría de los padres que quieren a sus hijos felices, estoy segura de que sabrán que no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita. Cuando trabajaba en Escuelas Infantiles una madre me dijo "No te puedes imaginar lo que ha hecho. Resulta que le compramos para Reyes la muñeca más nueva del mercado y prefirió pintar con sus rotuladores de siempre y estaba tan feliz". Un niño se siente feliz con las cosas más simples del día a día; se sienten felices con besos, con abrazos, saliendo de acampada, viendo películas, jugando con su mascota, saliendo al parque. Para ellos esas pequeñas cosas son las que de verdad importan y no necesitan nada más. 
Un niño feliz no quiere decir que sea un malcriado, ni mucho menos un maleducado. A través de la Inteligencia Emocional también se aprende valores de superación, de esfuerzo, de motivación y de seguridad. Se va aprendiendo lo que es la igualdad y los derechos. Y se aprende a quererse y aceptarse a uno mismo (autoestima y autoconcepto). De esa manera, bajo mi punto de vista se llega al estado de felicidad acompañado de hacer las cosas que a cada uno le gusta. Entonces, ¿un niño al que sus padres, familia y profesores le han ido enseñando dichos valores en su infancia y es feliz de esa manera será un esclavo de los demás? Sigo sin entenderlo. 
Silvia Álava experta en Psicología Infantil y autora del libro "Queremos hijos felices: lo que nunca nos enseñaron"  expone en una entrevista que los niños necesitan sentirse queridos y apoyados pero que eso no tiene que llevar a la sobreprotección. También afirma que cuando los niños no tienen unas normas y límites claros se sienten perdidos y no saben qué camino a elegir. Cada vez son más los expertos que afirman que los niños felices tienen más exito en la escuela y en la vida y por eso tienen muchas posibilidades de tener una vida adulta plena e íntegra en el futuro. 
Por lo tanto, no se debería pensar que los niños felices tendrán más dificultades de adaptación cuando sean adultos ni mucho menos que serán esclavos de los demás. Particularmente, pienso que estos niños cuando pasen unos años, serán los más motivados, los que se esforzarán por hacer un mundo mejor, los más comprometidos y lucharán por los derechos humanos. Porque los niños felices serán adultos sensibles con su entorno, con empatía, con entusiasmo y capaces de ayudar a sus iguales. 
Que un niño sea feliz no quiere decir que no pueda desarrollar su actividad laboral con las competencias que la sociedad exija. Por ejemplo, y hablo de las profesiones más humanas. Estamos de acuerdo en que se va a visitar a un médico cuando se está enfermo. En un primer momento se quiere que el médico nos cure, ¿pero a qué tambié nos gusta que tenga un trato humano y empático en la consulta? Además, yo pienso que es la felicidad y todo lo que engloba (sentirse bien con uno mismo, tener una buena relación con la familia, con amigos, hacer cosas que nos gustan…) la que da pie a hacer un mejor trabajo. 
Esto no quiere decir que los niños felices en su vida adulta no tengan problemas, por supuesto que los tendrán, pero sabrán afrontarlos mejor en el momento que se les presente. Esto no quiere decir que los niños felices cuando sean mayores agachen la cabeza y asientan a todo lo que se les diga, si no que sabrán hablar con respeto mostrando su opinión y su forma de pensar sin herir los sentimientos de los demás. Los niños felices, tendrán momentos de tristeza y ganas de llorar, como todas las personas en este mundo, pero tendrán claro que llorar no es de débiles y manejarán mejor las emociones. 
A los padres que queráis a vuestros hijos felices: seguid así. Algún día estaréis orgullosos por lo que hacen y os sentiréis satisfechos con vosotros mismos por haberles educado en la felicidad. Y es entonces cuándo os daréis cuenta que hicistéis lo correcto en aquel momento. Abrazad a vuestros niños, dadles besos, haced cosas juntos, manchaos las manos al hacer una tarta de chocolate, id de acompada, ved películas y contadles cuentos, poned normas y límites, dejadles hacer cosas solos, educadles en valores. Porque sin duda, niño sólo se es una vez. Y, tienen derecho a ser felices.