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martes, 3 de enero de 2012

2012… Sí, ¿no?



Era yo jovencito; muy jovencito, cuando en clase de religión el capellán de turno nos ordeno que escribiéramos en un trozo de papel el deseo que cada uno de nosotros teniamos en aquellos precisos momentos. Gran iniciativa sin duda. Con 10 años de edad, y no sabría decir el motivo, mi deseo fué, “que la cordialidad e igualdad se impusieran en el mundo“. Lo recuerdo perfectamente, porque cuando el capellán nos recogio los folios y se puso a leer y comentar lo que cada uno de nosotros había escrito, me dejó helado que arrugara mi papel arrojándolo a la papelera y soltando un; “Vaya tontería. Esto es una utopía”. Recordaré ese instante mientras viva. Se quedó con tres de los deseos y el que más le gustó fué: “Tener un pony”. Vaya. Incluso a estas alturas y con cuarenta años más me sorprendo al recordarlo. Tiene narices que aquel personaje pudiera estar dando clases de religión o de nada, y lo que para mi es peor,  resulta aquel hecho un fiel reflejo de la actualidad. Hoy las cosas no han cambiado mucho y seguimos dirigidos por “sabelotodo” que lo que sí saben hacer bien es “lamerculos” y “cepillar espaldas” “pensar poco para todos y mucho para cada uno, y no sólo en el terreno de la educación, diría que en todos los terrenos profesionales de hoy en día. ¿Cómo el deseo de tener un pony puede ser más interesante de analizar, que aquel que se plantea la igualdad y cordialidad en el mundo? Si le añadímos que te lo plantea un jovencito de 10 años pues la cosa todavía tiene más interés. A mi, por ejemplo, me interesará más conversar con aquel que me plantee ese deseo que no el de tener un pony, una bici o un submarino. Y digo a mi. Claro. Soy el mismo de aquellos años en los que me preocupaba más el mundo que tener un pony aunque con 40 años más de experiencia y, la verdad, más aburrido de todos aquellos que saben más que nadie y se creen superiores porque viven mejor y ganan más dinero. Seguramente el compañero que deseaba tener un pony no sólo tiene el pony sino que, además, hasta una vida mucho más cómoda que la mía. No me extrañaría en absoluto viendo lo visto hasta la fecha.
Recuerdo, como si fuera hoy, que quise fundirme al ver que arrugaba el papel con una mano y lo tiraba con desprecio a la papelera mientras soltaba que esto era una utopia. Vaya , vaya, las vueltas que ha dado el mundo y lo que he vivido hasta la fecha para que todavia tenga que volver eso a mi cabeza en el día de hoy y no sabría decir ni siquiera el motivo. Seguramente el pobre capellan ya no estara entre nosotros y yo lo sigo recordando a él y sólo en ese detalle. De la misma forma que recuerdo la palabra Utopia que tuve que buscar en un diccionario porque en aquellos momentos me sonaba a chino mandarin.
Ahora, que iniciamos un nuevo año con nuevo gobierno y prespectivas confusas, y no sólo en España sino en el mundo entero, los deseos de cada uno de nosotros no variarán respecto a los que teniamos hace 12 meses o 40 años: felicidad, prosperidad, trabajo, en fin todo eso que nos deseamos los unos a los otros por la boca más que por el corazón, al menos la inmensa mayoria, pienso yo vivido lo vivido. El problema es que las bases de cada uno siguen y seguiran siendo las mismas que hace cuatro dias o 40 años; los mismos intereses sociales y económicos, los mismos egoismos personales, las mismas acciones personales de cada uno para nuestro beneficio exclusivo y aquello de vaya yo caliente ríase la gente como único deseo real que nadie expresa de forma clara y precisa pero que, parece ser, es lo que la mayoria pretende en realidad por mucho que digamos lo contrario.
Sería bueno, como deseaba con 10 años, que algún día alguien con el suficiente poder estableciera nuevas normas de convivencia reales basadas en la igualdad real, en la cordialidad real, donde un político que cobra de los demás por arreglarnos el futuro a todos se estremeciera al ver que hay personas viviendo en la calle; famílias viviendo de la caridad, parados que no pueden afrontar lo básico para sobrevivir y empezara a poner en marcha leyes eficaces de igualdad real. Sería bueno, que todos esos “triunfadores” de esta sociedad injusta y poco seria, tomaran cartas en el asunto y empezaran a eliminar los obstáculos que hacen de esta sociedad del 2012 un nuevo ”churro” de palabrería fácil para los que deberían dar ejemplo y no sólo no lo hacen sino que, encima, se rien en nuestra propia cara. Sería un gran primer paso, que todos aquellos profesionales que pueden decidir, eliminaran de su staff al elegido a dedo o por amistad y empezaran a valorar seriosamente a cada uno de los profesionales que corren por el mundo. Sería bueno y sería honesto y ya no porque ahora mismo todo eso sea una utopía, sino porque es imposible tal como funciona todo. Feliz 2012…sí, ¿no?
Posted: 02 Jan 2012 11:24 PM PST

Posiblemente sea el maravedí la moneda más común en la península ibérica durante siglos. A mediados del siglo XIV se abandonó el uso cotidiano del maravedí como moneda física (de cobre). Sin embargo, se continuó empleando el maravedí como moneda de cuenta/referencia, para hacer las conversiones entre las diversas monedas en uso.
Muchas han sido estas monedas en los diferentes reinos de la península ibérica: el maravedí, el doblón, la blanca, el sueldo y el denario (o dinero), creado a semejanza del dinar de los almohades en la España musulmana, el denario gros acuñado por Jaime I en Cataluña o el croat de Pedro III (que tenía una gran cruz en su reverso, de ahí lo de cara/cruz) son algunos ejemplos.
La acuñación de moneda en Castilla comenzó durante el reinado de Alfonso VI, después de la conquista de Toledo (1085), siendo sus primeras piezas el denario y el óbolo de vellón, a semejanza de otros reinos españoles. Alfonso VIII de Castilla empezó a labrar el oro hacia el año 1172, y poco después lo hizo Fernando II de León en piezas de cobre llamadas maravedís o morabetís, con un peso aproximado de 4 gramos cada una.
El maravedí era una moneda de cobre de curso legal en España que, con sucesivas acuñaciones, estuvo vigente desde los reyes católicos hasta la primera reforma en el sistema monetario de Isabel II (1474-1854).
La peseta nació con el Decreto Figuerola , y el gobierno provisional de la Revolución de 1868 (acuñada por primera vez en Barcelona por orden del rey José I Bonaparte en 1808), como moneda nacional con un valor de cuatro reales (El real era una moneda de plata de 3,35 gramos que empezó a circular en Castilla en el siglo XIV y fue también base del sistema monetario español hasta mediados del siglo XIX, 1 real= 34 maravedíes en 1497).

Mark de Zabaleta
 
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