Se decía desde hace mucho pero solamente ahora empezamos a poder demostrar
los beneficios del aprendizaje, de una actitud activa hacia el aprendizaje en
cualquier momento de nuestras vidas. Recientes investigaciones lo confirman,
que cultivar un estilo de vida cognitivamente activo parece afectar áreas
concretas del cerebro. Lo que veis en la imagen es el área de Brodmann 9 (lóbulo
medio prefrontal), con mayor densidad neuronal y un grosor cortical mayor.
Se asocia este tipo de avance a cosas como la comprensión y reducción del
riesgo de demencia y en este sentido los estudios apuntan a que un estilo
cognitivo activo en los hombres se asociaba a menor riesgo de enfermedad
cerebrovascular y un cerebro más pesado en mujeres. En hombres y mujeres una
puntuación alta se asocia con más densidad neuronal y grosor cortical del lóbulo
frontal.

Se producen muchos cambios en nuestros cerebros a partir del uso, comenta
Michael J. Valenzuela, experto en envejecimiento cerebral en el Brain and Mind
Research Institute de la Universidad de Sydney, Australia, que dirigía este nuevo estudio. Encontraban también otros datos
interesantes.
Por ejemplo y contra la opinión popular generalizada, el tema no parece poder
generalizarse al caso del Alzheimer. En estos el estilo de vida cognitivo no
parece tener efecto y los cambios cerebrales que vemos típicamente en estos
tipos de enfermos no parecen depender de una vida activa en cuanto a la
utilización frecuente del cerebro.
Densidad neuronal y preservación del flujo sanguíneo que alimenta el cerebro
parecen ser los principales beneficios de una vida cognitivamente activa,
concluyen los autores de los estudios. El tema, en una sociedad que envejece
globalmente (seremos más de 100 millones de ancianos más para 2050), cuando
sabemos que cosas como la demencia aumentan de forma significativa con la edad,
indica que debemos trabajar activamente en estrategias de prevención.
Así que como bien sabéis los lectores de este blog leer, escribir, pueden ser
buenas formas de mantener jóvenes nuestros cerebros. Compartir en redes
sociales, además, alimenta una sociabilidad que nos hace más felices. Lo
comentamos en los primeros capítulos de Socionomía
y practicamos prácticamente a diario
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