Autor Rosa Diéz UPyD
“Hecho grotesco o desatinado” es la primera acepción que da al término
“esperpento” el diccionario de la Real Academia Española. Lo de los idus no hace
falta que lo explique.
Viene esto a cuento de la noticia conocida ayer y de la que era protagonista
el Rey de España, nuestro Jefe del Estado. La prudencia me aconsejó callar
cuando supe que su majestad había sido sorprendido al haberse lesionado mientras
estaba en Botsuana cazando elefantes. El sentido de la responsabilidad me lleva
a pronunciarme hoy públicamente; la política se hace en la plaza pública y yo
soy representante de los ciudadanos; por eso considero que debo compartir con
todos ustedes mi reflexión respecto de un hecho que tiene interés político y
tendrá, no me cabe duda, consecuencias políticas.
El Jefe del Estado no puede irse de cacería a África mientras el país se
desangra como consecuencia de una triple crisis, la política, la económica y la
social. No hay agenda privada ni invitación privada que no sea de interés
público cuando estamos hablando del Jefe del Estado. El respeto a las
instituciones que conforman el entramado constitucional –la Corona es una de
ellas- nos obligan a ser estrictos a la hora de exigir al Rey un comportamiento
responsable, acorde con la alta jerarquía que ostenta y con la situación del
país al que representa.
Valle Inclán nos brindó la invención literaria del esperpento. Mayor
esperpento es difícil de imaginar: el nieto mayor del Rey en el hospital (pobre
niño, preocupado porque se enfadara el abuelo…); la Reina en Grecia para la
Pascua Ortodoxa; el yerno imputado por delitos de corrupción política; la prima
de riesgo por encima de cuatrocientos puntos; la bolsa cayendo en picado; las
autoridades europeas desconfiando de nuestras cuentas, en país en claro riesgo
de intervención… Y el Jefe del Estado de cacería en África con unos amigos.
No hay mayor esperpento que ver la comicidad en la tragedia. Trágico es para
esta España dolorida que nuestro Jefe del Estado no parezca ser consciente de la
gravedad de la situación y de lo inoportuno e inadecuado que resulta que parezca
creer que tiene derecho a comportarse como si fuera un ciudadano corriente. No
es ético, ni moral, ni responsable, ni respetuoso para con los ciudadanos lo que
ha hecho el Rey.
Tampoco me han parecido muy edificantes las palabras del Príncipe Felipe tras
visitar en la clínica a su padre el Rey: “Pronto estará renovado y contento…” Es
“imparable”… A quien asume las funciones de Jefe de la Casa Real le es exigible
un discurso más institucional, que compense siquiera un poco el despropósito
protagonizado por su egregio padre.
Finalmente, desde el máximo respeto al orden constitucional, a todos sus
símbolos y a todas sus instituciones, entre ellas la Corona, espero que Jefe del
Estado pida disculpas a los españoles. Confío en que lo haga y de a los
ciudadanos la oportunidad de recuperar la confianza en la institución. Ojalá
sepa estar a la altura y la cosa se quede en el esperpento.
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