Ana Iribar
Leo con interés, pero sin asombro, sobre un
nuevo plan, también integral, de reinserción de presos de bandas armadas. Debe
ser al parecer necesario para evitar su radicalización en las cárceles y para
favorecer su reinserción en la sociedad. No debe bastar con la legislación
vigente y la propia constitución española. Preocupa mucho al parecer a nuestro
presidente del Gobierno y por ende, al ministro del Interior, educar en valores
a los terroristas y demás angelitos –en total, entre etarras, GRAPO, bandas
organizadas, yihaidistas, más de 1100– y preparar convenientemente a toda esta
escoria, para que cuando salga a la calle, algo que el gobierno alienta como fin
último, pueda encontrar trabajo –algo que no consigue hacer el 24% de los
españoles de buena fe–.
Es interesante examinar la buena voluntad
de un gobierno que se preocupa por la educación en valores de los terroristas
encarcelados, algo que brilla por su ausencia en la sociedad actual y que, ¡mira
por donde! va a extenderse dentro de las cárceles españolas, entre terroristas y
demás bandas armadas. Tendrán eso sí que dejar atrás, de forma "clara, solemne y
pública", su vinculación con el terrorismo, como quien deja la ropa sucia en un
cesto. Me llama la atención que se pida un gesto de voluntad "claro" –para
quienes han vivido en el odio– "solemne" –para quienes han transgredido todo
orden democrático– y "público", a quienes solo han vivido en la clandestinidad y
se han dejado ver a lo sumo por sus fotografías en patéticos homenajes populares
y carteles de "se busca" en los aeropuertos. ¿Estará nuestro gobierno
equivocándose de colectivo? ¿Se estarán refiriendo a toxicómanos y a terapias de
grupo para dejar las drogas? Y es que ni siquiera van a tener que colaborar con
la justicia o pedir el consabido perdón para acogerse al plan. Total, solo
quedan más de trescientos casos de asesinatos de ETA sin resolver...
Me temo que nuestros responsables
políticos son los más necesitados de cursos en valores. A lo mejor hasta podían
aprovechar y hacer grupo. Quiero creer que no son conscientes de la gravedad de
semejante propuesta. Quiero creer que no se dan cuenta de que con estas medidas,
siendo ETA una realidad, presente incluso en nuestras instituciones, con el peso
insisto, de más de 300 casos de asesinatos terroristas de ETA sin resolver, solo
contribuyen a desvirtuar la esencia de la Democracia, la esencia del Estado de
Derecho, la memoria de las víctimas del terrorismo.
No me importa en absoluto la
radicalización de los presos en las cárceles. Solo pienso en los asesinos de
Gregorio Ordóñez y solo me preocupa que cumplan la condena que les impuso el
juez. No entiendo las razones que mueven a un gobierno a impulsar semejante
plan. Y en cualquier caso, no quiero que Gregorio Ordóñez se convierta en un
simple rehén de intercambio contra la libertad de ningún terrorista. Porque
cuando se promueve la libertad de un terrorista en semejantes condiciones, con
cada gesto que contribuye a alentar la libertad de uno de esos asesinos, se
añade más tierra sobre el significado de la muerte de cada una de sus víctimas,
sobre la existencia misma de las víctimas. Y esto es imperdonable para las
familias, pero también indecente, insostenible para cualquier democracia que se
precie. La ropa sucia, toda la trayectoria de terror de la que pueden ahora
desvincularse sus responsables encarcelados, con solemnidad, es una realidad que
no puede centrifugarse con simples planes integrales. ¡Tantos años como han sido
necesarios para explicar esto! Quiero responsabilidad, exijo Justicia. Está en
juego la esencia de nuestra democracia, la derrota del terrorismo, la
construcción del relato veraz de toda la tragedia que ha asolado a miles de
familias, a todo un país. ¡Que alguien se lo tome en serio, por favor!
Ana Iríbar es viuda de Gregorio Ordóñez, político del
Partido Popular asesinado por la banda terrorista ETA el 23 de enero de 1995
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