“Oh innoble servidumbre de amar seres humanos… y la más innoble, que es
amarse a uno mismo…” , decía un verso de Gil de Biedma que siempre recuerdo. Y
puede entenderse en muchos contextos distintos pero también en cuanto al tema
que quiero traer hoy, por su importancia siempre pero sobre todo porque quiero
analizarlo en cuanto al individuo conectado, a cómo encaja como competencia en
el ecosistema informativo y de conocimiento nuevo de internet: el pensamiento
abstracto, distante, más allá de uno/a mismo/a.
Pensad distinto sobre vosotros mismos…. desde un futuro distante, viviendo en
otro lugar o como alguien distinto. Hoy es la pantalla la que puede
proporcionar esa lejanía, la que puede estar entrenando de forma única el
pensamiento abstracto que tantas ventajas parece tener.
Se trata, al fin y al cabo, de tomar perspectiva, de situarnos en un estado
emocional y cognitivo que nos traerá, según distintas evidencias científicas necesitadas de
ampliación en la era de la interconectividad, distintas ventajas:
1. Los retos parecerán más fáciles:
cuando nos enfrentamos a una tarea difícil, incluso el hecho de alejarnos
físicamente, de recostarnos en el asiento puede hacer que nos parezca menos
inasequible(Thomas & Tsai,
2011). También ocurre, por supuesto, con la distancia psicológica. La
pantalla, en este sentido, puede generar el efecto, ayudando a distanciarnos de
las cosas cuando sea preciso y también provocando falsas ilusiones o
expectativas de control para algo que realmente puede ser mucho más difícil.
2. Generar insight interior: en caso
de experiencias negativas se utiliza en terapia la técnica de enseñar a verse a
uno mismo desde fuera. Se consigue así menor reactividad emocional y psicológica
a corto plazo, así como menos rumiación a largo. (Ayduk & Kross,
2010). Pensando en las redes sociales puede que podamos enseñar a
utilizarlas también en este sentido como representación más segura, con menos
ansiedades, del yo.
3. Ser más persuasivos: En
consideraciones de compra múltiples investigaciones concuerdan en que en un
primer momento se tiende a decidir más si el marco que se plantea es distante
(Nenkov,
2012). Cuando alguien realiza una búsqueda en Google suele estar en ese
estadio, así que los interesados en marketing y en optimizar estrategias en los
social media deberían aprender a contextualizar las cosas en futuros, otras
personas y demás “perspectivas alejadas”.
4. Control emocional: La distancia
psicológica puede aportar distancia emocional. Escenas negativas provocan menor
reacción emocional cuando son vistas desde lejos (Davis et al., 2011).
De hecho este puede ser un buen recurso si somos muy emocionales, de forma que
la distancia psicológica puede ayudar a controlar las emociones. El tema
funciona también a la inversa, cuando queremos implicar más y podemos hacerlo
mediante la inmersión psicológica. Se me ocurre que en caso del ciberacoso y
demás formas de menosprecio del prójimo amparado en parte en el anonimato
virtua,l podríamos trabajar en la empatía en lo real en este último sentido.
5. Cuidado con la ilusión de profundidad
explicativa: Como comentábamos sobre lo
atrevido de la ignorancia, un conocimiento abstracto, distante, de algo o
alguien (esto último es tremendamente peligroso) puede hacernos creer que lo
entendemos mejor de lo que realmente es.
“…muchos creen que ocurre un terremoto cuando chocan dos placas y una mueve a la otra, desconociendo el mecanismo que produce inicialmente estas colisiones. Sin embargo la gente piensa que conoce este tipo de cosas con profundidad y se muestra sorprendida de la superficialidad de los propios argumentos cuando se la insta a exponerlos (Alter et al., 2010) “
El tema puede ser muy potente en internet, donde seguramente es fácil
formarse primeras impresiones y, creer que se divisa el bosque, que se conoce
algo o a alguien sin que sea verdad, sin saber nada en realidad de los
árboles.
Sin embargo, siendo tan fácil profundizar, ahondar y ampliar conocimientos en
el ecosistema abundante de información en la red, podría ser que lo único que
falte sea enseñar a hacerlo. Recordando a Carr, lo realmente preocupante no es
la tendencia a ser superficiales de los jóvenes en las actuales redes sino lo
triste de que así sea cuando vivimos la mayor oportunidad de conocer, de lo
superficial y de lo profundo, de la historia.(Alter et al.,
2010)
6. Ser más independientes:
La distancia psicológica puede llevarnos a distinguir cuáles de nuestros
valores son realmente nuestros y cuáles del grupo al que pertenecemos
(Ledgerwood et al., 2010). Como veíamos en
Socionomía, estamos mucho más conectados al grupo de lo que parece, así que
el tema será importante.
En este punto lo virtual en sí mismo facilita la toma de perspectiva:
desde la óptica que introducíamos también en el libro, el nuevo individuo
conectado puede aprovechar lo comunitario sin sacrificar lo individual en mayor
medida que nunca. Podemos, en otras palabras y desde un estado único en la
historia, “conectar” o formar parte de una comunidad de una forma menos
exclusiva y exigente que nunca antes. El nuevo individualismo conectado, como
también explicábamos allí, nos permite ser más independientes y a la vez no
sentirnos solos.
7. Ser más educados
Tendemos a ser más educados cuando pensamos de forma abstracta, alejada de
las situaciones, muestran distintos estudios. (Stephan et al.,
2010)
8. Ser más creativos
Es una conocida treta creativa la que consiste en hacer un “Kit kat”,
desconectar por momentos de la situación, sea dando una vuelta, dándonos una
ducha, cambiando de tarea cuando sentimos que no avanzamos. Cuenta la leyenda
que Dylan compuso sus mejores trabajos precisamente después de un largo periodo
de inactividad. Pues bien, parece que incluso la práctica de la abstracción
psicológica parece ayudar, con estudios que concluyen que pensar distante puede
doblar las ocasiones en que la “inspiración” ayuda a completar la tarea (Jia et al.,
2009).”
9. Ser más sabios
Twiteaba ayer con alguien cuando el táctil me jugó una mala pasada, una n por
una b al escribir precisamente eso, un evidente “Twiteaba” que apareció como
“Twiteana”. No tardó, mi ávido de autocomplacencia interlocutor, en resaltar el
error y tacharme de ignorante por ello. Le faltaba inteligencia, probablemente,
la sabiduría que tan bien expresan los anglosajones cuando se refieren a saber
ver “The big picture”, la imagen general de las cosas sin obsesionarse con los
detalles más insignificantes. Quizás no tengamos expresión corta pero lo decimos
extraordinariamente bien en la metáfora “Hay quien no puede dejar de mirar el
dedo hasta el punto de volverse incapaz de ver el sol”.
La distancia psicológica puede ayudar a relativizar las cosas y mediante el
ejercicio de hacer razonar acerca de elementos “macro” que puedan estar
afectando a nuestra situación (por ejemplo con personas en situación de
desempleo durante una recesión económica) aumenta la calidad del razonamiento
(el talante dialogante, la humildad intelectual), mejoran las actitudes (hacia
la cooperación) y se produce en mayor medida el comportamiento adaptativo(Kross & Grossmann,
2011).
10. Ser más empáticos
En parte gracias a la toma de perspectiva, al lugar más seguro que nos presta
la pantalla y en parte porque lo que hay al otro lado son otros seres humanos,
estamos aprendiendo como nunca en internet a conocernos a nosotros mismos, a
conocer a los demás. Volviendo a nuestro principio, a la frase del gran poeta,
es bueno amarse, entenderse, tolerarse a sí mismo pero no si es en tal grado que
impide entender, amar y tolerar también al otro. Inteligencia conectada,
Inteligencia empática, Inteligencia social, llamadlo como queráis mientras
reconozcáis que adquiere, en un contexto como el de la cibersociedad, una
importancia extraordinaria.
Tomo prestada del amigo Sandopen
la cita a la madre Teresa de Calcuta, que invitada una vez a charlar con
empresarios subió al escenario y avisó de que iba a ser breve…: “Solamente son
necesarias dos cosas para triunfar en lo que hacéis: Conocer a vuestro público,
amar a vuestro público.”.
No perdáis, ahora que la sociedad aumentada lo facilita como nunca
antes, la oportunidad de hacer ambas cosas.
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