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domingo, 3 de junio de 2012

No somos de fiar






Es lo que nos pasa en España. No somos de fiar y por esto los mercados nos dan tantos quebraderos de cabeza. Estamos llamando a las puertas de las instituciones económicas internacionales  y aunque prometemos portarnos bien, hasta ahora solo obtenemos palmaditas en la espalda.

Pero queremos mantener a toda costa un sistema político autonómico inviable donde viven a costa del erario púbico medio millón de políticos de todos lo calibres que su casi única misión es ver que hacen para mantenerse en el poder además de los cerca de cuatro millones mas de empleados públicos se ocupan muchas veces de cosas intrascendentes e innecesarias y queremos ser piadosos y miramos hacia otro lado cuando descubrimos que determinados personajes de la clase política o financiera han sido los responsables que nos han llevado al desastre actual y para apartarlos solo somos capaces de dotarles con jugosas jubilaciones en lugar de llevarlos directamente ante la justicia.

La recuperación de la solvencia de nuestro país en la escena internacional ha de comenzar por la asunción de responsabilidades de su clase política y la aclaración, hasta las últimas consecuencias, de los procesos que nos han llevado a la desastrosa situación actual.

España es una nación con un banco central que estaba obligado a velar por nuestro sistema financiero cuyo gobernador ha hecho durante años dejación expresa de su obligación supervisora sobre unas cajas de ahorro que han sido fagocitadas por los políticos de sus consejos de administración huyendo por la puerta de servicio antes de que acabe su mandato. Tenemos un Tribunal Supremo y Consejo General del Poder Judicial cuyo presidente está en entredicho por los gastos suntuarios de sus estancias de lujo en la costa, una clase política autonómica que ha provocado la ruina tanto de sus propias cuentas como de las entidades financieras a su cargo, un presidente de una comunidad autónoma procesado por corrupción y un familiar directo del Jefe del Estado en la misma situación judicial, sobre el que pesan graves acusaciones que podrían llegar a implicar directamente a la Corona.

En ninguno de estos casos los españoles hemos recibido cumplida cuenta del alcance de estos auténticos escándalos que tan poco dicen de nuestra condición de país fiable, también en el terreno económico, porque la clase política reserva a los contribuyentes únicamente el papel de financiadores de sus desmanes a través de una presión fiscal cada vez más desbocada, que entorpece la recuperación del país, tal y como acertadamente hace unos meses denunciaba el Partido Popular cuando aún no había llegado al poder. Mariano Rajoy decía que hay que recuperar la credibilidad en nuestro país y esto solo es posible regenerando todas sus instituciones.

El gobierno debería imponerse esta tarea de manera prioritaria, porque de lo que se trata ahora no es sólo de realizar complicados ajustes contables para mejorar unas proyecciones macroeconómicas deprimentes, sino de recuperar la imagen de seriedad y solvencia que España necesita para poder superar la grave prueba a la que se enfrenta en estos momentos. 
 
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