El Caparazón
Comento a menudo en charlas el denominado efecto Flynn como argumento ante
las afirmaciones tecnófobas sobre los efectos perversos de la tecnología en la
inteligencia. Hoy encontraba una información sobre James Flynn, autor de la
teoría y del próximo libro Are
We Getting Smarter?, que creo que vale la pena analizar. En ella afirma
su teoría más conocida, la que observa que durante los últimos 100 años hemos
aumentado en 30 (3 puntos por década) el coeficiente intelectual de la población
de los países desarrollados. La mente moderna, argumenta el autor, lidia mejor
con los problemas abstractos.
Se observa últimamente, además, algo nuevo y significativo: por primera vez
la mujer puntúa más alto (un punto por encima) que los hombresen los clásicos
tests de CI.
Conscientes de la parcialidad de este tipo de medidas de la inteligencia
(apostamos aquí, como sabéis, por las inteligencias múltiples) y sin ánimo de
crear polémicas de guerra de sexos, resulta interesante profundizar en el tema
porque lo que denota es, en mi opinión, que estamos construyendo un
mundo con más oportunidades para los más desfavorecidos, al fin y al cabo más
justo.
Así, aunque pueda derivar en titulares fáciles, la diferencia entre hombres y
mujeres en tests de CI se ha demostrado históricamente irrelevante, tema que no
parece desmentir Flynn si observamos un poco más a fondo su estudio: las mayores
puntuaciones solamente ocurren en Estonia, Nueva Zelanda y Argentina. En Israel,
de hecho, las mujeres puntúan más bajo y en Australia los valores parecen
idénticos.
Lo que sí parece significativo y que muestra de nuevo cómo de dependiente es
la llamada inteligencia “pura”de las oportunidades que la acompañen, es
el dato de que los negros americanos han reducido 5 puntos de diferencia
desde 1972, acercando sus CIs hasta una diferencia actual todavía de 10 puntos
pero en clara tónica descendiente.
No somos tan distintos
En fin… que más que hablar de inteligencias innatas y servirnos de titulares
llamativos pero exagerados, parece que debemos rendirnos a la evidencia de que
de nuevo son condicionantes socioculturales los que originan muchas de
las desigualdades.
Volviendo al caso de la mujer, influye en el tema, desde luego, el hecho del
mayor acceso durante los últimos años a los distintos niveles del sistema
educativo, sobre todo a los superiores. Y el tema parece también suficiente para
explicar también las diferencias entre razas. Como decíamos en Ni
menos mujeres, ni menos hombres, más grandes, no resulta innecesario ir más
allá de ello y recurrir a explicaciones biologicistas extrañas…. De este tipo
son, en mi opinión, algunas de las de Flynn cuando afirma que está en la
testosterona, cuyo nivel provoca rebeldía a algunas edades, la explicación sobre
lo que dificulta a los hombres aprovechar ciertos períodos escolares en la misma
medida que las mujeres…
Hablábamos hoy en la SER, en Hoy por hoy, de mujeres y redes sociales /
profesionales de actualidad, de la necesidad de apoyar la presencia de mujeres
en cargos directivos y profesionales de nivel. No está de más recordar, en este
sentido, la igualdad intelectual que Flynn demuestra que es posible.
Mantengamos el optimismo: en una sociedad del conocimiento con muchas más
oportunidades de aprendizaje la desigualdad está condenada, a largo plazo, a
convertirse en historia.
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