El euro y... la memoria de un camarero
Hemos sido tan
engañados, estafados, robados, desorientados y manipulados, que dudo exista otra
época en la historia que pueda asimilarse a ésta vivida, en los primeros doce
años del tercer milenio y... para tras todo ello, habernos situado en un
precipicio donde nos han lanzado y del que no se sabe ni cómo ni cuando podrán
salir (los que puedan) visto que los que dicen gobernarnos, no tienen soluciones
por cuanto de titubeos, miedos e incertidumbres demuestran en las ya demasiadas
reuniones internacionales que mantienen, y de las que salen siempre “vacíos”.
Exceptuemos la última, en la que al parecer, han conseguido “algo”, pero que
vistos todos los antecedentes, nos podemos temer que... “el barco sigue dentro
de la galerna que entre unos y otros formaron”.
En una
ciudad española (Madrid/Barcelona posiblemente), un camarero ha colgado un
cartel en el establecimiento donde trabaja (por lo visto es de los aún
privilegiados que mantiene el puesto de trabajo) y a su manera, cuenta en el
mismo “la odisea” que nos hicieron padecer a los indefensos españoles, con el
tan cacareado “euro”, que al parecer y sólo en una docena de años, se tambalea y
pudiera ser que volviésemos a las monedas nacionales otra vez.
El
cartel es simple y sencillo y en el mismo aparecen dos columnas de precios y
“los productos” que en 1999 valían en pesetas y que en 2011 valieron en euros; y
el desglose es así de simple y sencillo.
“Un
café 80 pesetas en 1999; en 2011, 1,20 euros, equivalente a doscientas pesetas.
Diez viajes en el metropolitano 640 pesetas, en 2011 9,40 euros (1800 pesetas).
Diez viajes en ferrocarril de cercanías 320 pesetas, pasan a 4,80 euros (800
pesetas). Un litro de leche, de 80 pesetas a, 0,80 euros (140 pesetas). Un kilo
de tomates de 120 a 2,40 euros (400 pesetas). Una barra de pan 25 pesetas, pasa
a valer 0,60 euros (100 pesetas). Un libro de enseñanza primaria para escolares,
1200 pesetas, pasa a valer 35 euros (6000 pesetas). Alquiler de una habitación
de 30.000 pesetas, pasa a 400 euros (65.000 pesetas). Una vivienda de 95 metros
cuadrados, que se compraba por dieciocho millones de pesetas, vale trescientos
mil euros equivalentes a cincuenta millones de pesetas... y “mi salario”(escribe
el camarero) era de 145.000 pesetas; hoy me pagan 900 euros... “equivalentes a
150.000 pesetas”: “con el euro nos la metieron de veras” (son X 4
más ricos).
He
copiado literalmente lo que dice el cartel, que está colocado en una luna de
entrada al establecimiento y con plena visión desde la acera; el curioso que me
lo pida por correo electrónico y se la puedo enviar. Por lo demás, todos tenemos
recuerdos parecidos a todo ello, así como de la indefensión en que nos han
mantenido “los gobernantes”, que no intervinieron para nada en que la transición
monetaria, se realizase a unos cambios verdaderamente acordes con los valores
que había y los que entraron de la noche a la mañana... el resto vino en
cascada, entrando en ello las cargas de impuestos que hemos soportado que de
pesetas a euros, nos estafaron de igual forma a que lo hicieron los comerciantes
desaprensivos... igualmente lo hicieron los políticos que dicen gobernar...
o sea, lo que dije hace ya muchos años; nos
empezaron a empobrecer de tal forma y tan abusiva, que a la vista está a dónde
nos han llevado y sin que por el contrario, aparezcan las inmensas cantidades de
dinero que nos detrayeron, en la economía nacional, puesto que si hubiese sido
así, esa tesorería debiera estar en alguna parte y con ella se crearía
riqueza... ¿Pero dónde ha ido a
parar... a los paraísos fiscales? Seguro, puesto que el dinero no se destruye, simplemente pasa
de cuenta o de caja y en algún lugar debe
encontrarse.
A pesar de todo, quieren “sostener al euro”, pero a quién
o quienes beneficiará ese sostenimiento; posiblemente a los mismos
que nos estafaron en el anterior cambio y que nos volverán a estafar si de
verdad hay que volver a la peseta. Como estoy cansado de decir, siempre
estaremos indefensos ante los gobiernos que sean y depende de su honradez e
integridad (“que se les supone”) la marcha de la nación.
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