Desde hace unos años venimos advirtiendo del peligro
que conlleva el nacionalismo para la libertad individual, agravado ahora su
efecto por el separatismo y las ideas de independencia. La emergencia de una
base independentista, que hasta ahora era minoritaria, de suficiente entidad
como para cambiar signos de color político puede hacer tambalear las bases del
Estado Constitucional español, tanto en el País Vasco como en Cataluña. Es ahora
evidente el efecto del pacto nacionalista GALEUSCA que subyace en esta
estrategia que busca las concesiones de los partidos de corte Estatal. No son
momentos de desánimo Majestad, aplíquese lo que Ud. mismo nos dice a los demás
pues su figura áquí, como en Bélgica lo es la del Monarce, es crucial para la
cohesión de los territorios, para la estabilidad del Gobierno cuando los
partidos políticos solo sirven al desencuentro. Lástima que tampoco su Casa haya
quedado al margen de los problemas judiciales que padece, éso resta credibilidad
ante los españoles que después de treinta años de democracia ven cómo se
desmoronan las bases que sirvieron al Estado Constitucional que nos hemos dado
todos.
Hay que reponerse, actuar conforme a los tiempos
en que vivimos y reavivar el espíritu español que se crece ante las dificultades
o es que los nacionalistas han estado al margen hasta ahora, dentro de la España
administrativa como le llaman ellos, de corruptelas, comisiones y defraudaciones
a la confianza y a la legitimidad. Si escuchamos a las fuerzas políticas
catalanas al Sr. Mas no le iría tan bien allí si no hubiera sido por este tirón
independentista, más fundado en la crítica económica que padecemos todos que en
los valores tradicionales del independentismo catalán.
El Sr. Mas se pone al frente de un movimiento que
sabe que no es bueno para Cataluña ni para España, que se agotará con la
convocatoria de elecciones pues a pesar de sus expectativas de voto siguen
siendo estos grupos una minoría comparada con el conjunto de los que deseamos
seguir siendo españoles. El Sr. Mas es un político que tiene miedos internos, lo
demuestra cuando dice que se presenta y que será la última vez que lo haga, que
luego se marchará habiendo intentado llevar a la práctica las ideas que ya su
predecesor, la mano que lo puso, el Sr. Pujol tenía; pero claro, eran tiempos de
tensar la cuerda para obtener réditos económicos, no para romperla como
ahora.
Los partidos de corte estatal siempre han
minusvalorado este riesgo, confiados en una Historia hecha a su medida, alejados
de toda realidad del pueblo. En las próximas elecciones catalanas debe quedar
claro el sentir de la mayoría, hay que preocuparse de la abstención, del
desencanto de los catalanes que están llenos de razones como las tenemos todos
por la mala gestión que se ha hecho de la democracia; pero son la democracia y
el respeto a las identidades los valores superiores que tienen que hacer que
Mas, como ha dicho, abandone la política de la confrontación.
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