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El letrado Peláez ofreció la libertad a Correa y Bárcenas a cambio de dinero para policías


POR TRES MILLONES DE EUROS…”
El letrado Peláez ofreció la libertad a Correa y Bárcenas a cambio de dinero para policías

Manuel Cerdán

Ignacio Peláez, el abogado del empresario leonés José Luis Ulibarri en la causa Gürtel, planteó ante Francisco Correa, primero, y Luis Bárcenas, más tarde, la posibilidad de conseguir su libertad mediante el pago de una millonaria cantidad de dinero a varios policías de la investigación. El exfiscal de la Audiencia Nacional les aseguró que la propuesta había partido de un significado representante de la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales (UDEF), la unidad responsable de las pesquisas sobre la trama Gürtel. Tanto Correa como Bárcenas se opusieron a tan "descabellada propuesta". Esa fue, al menos, la contestación literal del extesorero del PP.

Dos personas de confianza del jefe de la red Gürtel y del exsenador popular han confirmado a El Confidencial la oferta "personal" del letrado, el mismo que sentó a Baltasar Garzón en el banquillo del Tribunal Supremo. Pero matizan que luego supieron que todo aquello se debía a un montaje que desconocía la Policía. Pablo Crespo, número dos en algunas de las empresas de Francisco Correa e imputado en la causa, se negó a hablar de ese asunto, pero añadió: "Sólo puede escribir que no desmiento los datos en poder de El Confidencial".

Sin embargo, el abogado Peláez, en conversación telefónica, negó su participación "como intermediario" en ninguna gestión de esa índole "ni con Correa ni con Bárcenas". “Alguien está usando mi nombre en falso. Es cierto que me he entrevistado con algunos policías, pero para otros asuntos. Yo no me meto en esos fregaos. No trabajo de esa manera", aclaró el letrado.

(EFE)Peláez reconoció que estaba al tanto de esa información y que había hablado varias veces con Francisco Correa, pero "nunca en nada relacionado con un asunto de dinero". "Esa información me llegó por medio de un policía, pero me olvidé del tema porque nunca me meto en negocios de ese tipo. Nada tengo que ver", sentenció el abogado.

Mencionó a tres comisarios

Fuentes del Ministerio del Interior han confirmado que el abogado Peláez llegó a mencionar los nombres de tres comisarios del staff de las Fuerzas de Seguridad del Estado, pero que estos estaban al margen de cualquier oferta. El Confidencial conoce la identidad de los tres comisarios mencionados por el letrado ante los intermediarios de Francisco Correa, pero se reserva su identidad para salvaguardar su integridad profesional y por medidas de seguridad.

La primera operación se consumó a comienzos de 2012 cuando Ignacio Peláez citó en su anterior despacho madrileño de la calle Príncipe de Vergara a uno de los hombres de confianza de Francisco Correa. El jefe de la Gürtel permanecía preso en la cárcel de Soto del Real y no era excarcelado hasta abril de aquel año. Por tanto, el letrado, que se mostraba exultante tras haber logrado en el Tribunal Supremo la condena de Baltasar Garzón, necesitaba los servicios de uno de sus colaboradores para hacerle llegar un mensaje.

Peláez aseguró durante la entrevista que "unos jefes policiales se habían puesto en contacto con él" y estaban dispuestos a echarle una mano para lograr la libertad de Correa. Eso sí, a cambio, pedían un estímulo económico, según la versión del círculo de Correa. La propuesta policial había quedado plasmada en una cuartilla. Abusando de una escenificación más propia de un thriller policiaco, el abogado extrajo de un cajón de su escritorio una carpeta de color gris.

El expediente estaba precintado por tres adhesivos circulares que Peláez desgarró. De su interior extrajo un folio que le entregó sin más dilaciones al ejecutivo de la Gürtel. El estudio contemplaba varias soluciones en función de los resultados finales de las gestiones: "Solución óptima, doce millones de euros"; "solución intermedia, nueve millones" y "solución base, seis millones". Las tres opciones, ineludiblemente, contaban con la colaboración de la UDEF y aseguraban, según Peláez, la reconducción del proceso. La primera, la más ambiciosa y onerosa, contemplaba la nulidad de la causa y la libertad de Correa.

(EFE)El juez Ruz. El hombre de confianza de Correa reaccionó con frialdad y sólo se comprometió a trasladarle la propuesta a su exjefe, aunque pronto comprendió que todo aquello era "una locura muy peligrosa". Fue la misma respuesta que obtuvo de los abogados de Correa, antes de dirigirse a la cárcel. Y tal cual se lo transmitió a Francisco Correa en una visita que le hizo a la prisión de Soto del Real: "Tenemos que luchar con armas jurídicas y no por vías sucias", fueron sus palabras. La respuesta de Correa se alineaba en la misma dirección. Además, en aquel momento sus arcas estaban exhaustas tras el embargo y el bloqueo de todos sus bienes.

El cerebro de la Gürtel se encontraba entonces más preocupado por la obtención de un aval bancario de una entidad chipriota que facilitara su libertad condicional. Lo último que pasaba por su mente era adentrase en aventuras arriesgadas. Ya había vivido una experiencia similar en Panamá, donde le habían estafado más de doscientos mil euros con una falsa promesa: la obtención de la residencia en el país del canal para eludir la acción de la justicia española. 

Reuniones secretas con la Policía

Peláez no mentía cuando aseguraba que había hablado con los comisarios de la Policía, pero no decía la verdad sobre el contenido de esos encuentros. Se había encontrado varias veces con dos comisarios, pero sólo había tratado con ellos de aspectos técnicos sobre el contenido de los informes de la UDEF. Además, sus interlocutores policiales habían recibido antes el permiso de sus superiores para poder acudir al encuentro con el abogado.

Estaban también interesados en que el letrado les facilitara datos sobre el caso Campeón, en el que su defendido Dorribo había acusado al dirigente socialista José Blanco en un caso de corrupción. No era la primera vez que un comisario o un inspector de policía se entrevistaba con un letrado para tratar asuntos de la investigación. Esa es la versión que El Confidencial ha obtenido de una fuente policial que conoce los hechos.

José Blanco. (EFE)Además, aquellos encuentros no eran los únicos que el letrado había mantenido con estamentos de la Policía, como ha reconocido ante este diario. Peláez, de quien es conocida su cercanía al Opus Dei y a quien siempre se le ha situado en la órbita del conocido como comando Trillo, –exministro de Defensa y actual embajador en Londres– mantuvo otras reuniones con altos cargos del Ministerio del Interior. Algunos de ellos, como él, estaban relacionados con la Obra, actualmente con gran influencia en la cúpula policial. De una de esas citas surgió la posibilidad de entrevistarse con un representante de la UDEF para tratar algunos aspectos de la investigación.

En ninguna de las reuniones sus asistentes cometían delito alguno, según destaca un catedrático en Derecho Penal. Los encuentros se enmarcaban dentro de las competencias de los letrados para obtener información favorable a sus clientes y de los agentes para avanzar en sus pesquisas. Se trata de lo que en  el argot policial se conoce como "cambio de cromos". Peláez también se jactaba de conocer a algunos comisarios de su época de fiscal en la Audiencia Nacional.

"Es absurdo decir que de esos encuentros pudiera surgir una propuesta para lograr la libertad de Correa o de Bárcenas mediante dinero, porque esa decisión era exclusiva del juez de la Audiencia Nacional. La Policía tenía poco que decir sobre ello. Sólo limitarse a hacer su trabajo", señalan fuentes policiales.

Oferta a Bárcenas en la cárcel

El abogado Peláez, no contento con su primera intentona con Correa, lo intentó una segunda y una tercera vez con Luis Bárcenas tras ingresar este en la prisión de Soto del Real, en junio de 2013, por orden del juez Pablo Ruz.

En ambas ocasiones, la oferta que le llegó al extesorero del PP fue la misma: "Un jefazo de la UDEF puede facilitar tu salida de prisión por tres millones de euros". Pero Bárcenas no sólo se opuso a la oferta, sino que además se lo contó a su abogado, el exmagistrado Javier Gómez de Liaño, cuando este se hizo cargo de su defensa el 14 de julio de 2013. El exjuez de la Audiencia Nacional, que conocía a Peláez de su época de fiscal en el mismo tribunal, comentó a su cliente que su decisión había sido la acertada y que él nunca se prestaría a ese tipo de acuerdos.

El segundo acercamiento a Bárcenas se produjo después del verano de 2013. Gómez de Liaño se enteró por su cliente de que Peláez, aprovechando una visita a Soto de Real para asistir a su defendido Ángel de Cabo, el liquidador de empresas y testaferro de Gerardo Díaz Ferrán, pidió permiso a la dirección de la prisión para encontrarse con él.

Y, por segunda vez, intentó convencer al extesorero de Génova. La indignación de Gómez de Liaño fue de tal calibre que remitió un escrito a la decana del Colegio de Abogados para que ningún letrado pudiera visitar a Bárcenas en prisión sin la autorización de la defensa. Lo mismo hizo con el director del establecimiento penitenciario.

Una fuente próxima a Bárcenas manifestó a El Confidencial que Peláez, en aquel encuentro, le propuso también compartir la defensa con Gómez de Liaño. Pero el letrado del extesorero del PP se negó a entablar cualquier conversación en ese sentido con el exfiscal de la Audiencia Nacional.

"Está usted bien informado. Toda la información que me traslada es correcta. Es cierto que se mencionaban grandes cantidades de dinero, pero la reacción de mi cliente negándose a esos juegos dice bastante a su favor". Así se manifestó Javier Gómez de Liaño cuando El Confidencial le preguntó por las propuestas de Peláez.

Peláez se vio con Ruiz-Gallardón

Peláez fue también el abogado que mantuvo una entrevista secreta con el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, en el domicilio de Alberto Cortina para tratar algunos aspectos del sumario de la Gürtel. El encuentro se produjo antes de la Semana Santa de 2013 en el domicilio de Alberto Cortina, amigo personal de Gallardón y cliente de Peláez. Incluso, ambos llegaron a compartir el banquillo de los acusados en una causa judicial.

Alberto Ruiz-Gallarón. (EFE)En torno al caso Gürtel –dentro de unos días se cumplen cinco años de la gran redada policial–, desde los primeros pasos de la instrucción sumarial se han producido una serie de situaciones verdaderamente inexplicables. Alrededor de la investigación sobre los negocios de Correa persisten un cúmulo de sombras y de acciones de guerra sucia: un falso juez que engañó a Correa, las grabaciones ilegales de Garzón en la cárcel de Soto del Real, extrañas maniobras en el seno del TSJ de Madrid, algunos informes parciales y arbitrarios de la UDEF, las circunstancias de la detención de Fasana en Madrid, las interioridades de la cuenta Soleado, comisiones rogatorias incompletas, las declaraciones sesgadas del exconcejal Peñas, la falsa identidad de Luis el Cabrón, un extraño anónimo recibido en la sede del PP en Génova a nombre de Bárcenas y del exdiputado Merino, dos medallas al Mérito Policial para el inspector Morocho y un sumario descontrolado en el que algunos folios saltan de tomo por arte de birlibirloque, entre otros. Ahora se les suma el caso de la supuesta propuesta policial.  

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