Los datos que la DGT maneja al hacer balance de la siniestralidad en nuestras carreteras son verídicos, pero no reflejan la realidad

Esta mañana he tenido la suerte de ver, si es que puede calificar así, la comparecencia de Alfredo Pérez Rubalcaba haciendo balance de la siniestralidad en nuestras carreteras durante el año pasado. No es la primera vez que me indigno al observar como la Administración hace uso de las cifras en beneficio propio, ya sea por este tema en cuestión o por cualquier otro en el que pueda obtener algún tipo de ventaja.
Pero en el caso del automóvil, me siento especialmente ofendido al comprobar cómo el ministro del interior, y con él la DGT, siguen empeñados en hacer creer a la gente (a mi no me van a engañar con este tema) que sus politicas de prohibición y persecución a los conductores son las responsables del descenso de los accidentes, fallecidos y heridos graves en nuestras carreteras.
No voy a entrar a valorar cuáles son los motivos para que, año tras año, los muertos en carretera sigan descendiendo. No abriré el debate de si lasmedidas de seguridad que los fabricantes incorporan ahora en sus automóviles son más eficaces y salvan más vidas que cuando se viajaba sin cinturón de seguridad o sin reposacabezas, como en 1963, año en el que según las declaraciones de Rubalcaba, se produjeron las mismas muertes que en 2010. Tampoco quiero juzgar si los nuevos 100 radares que se instalarán en 2011, seis de ellos de tramo, serán responsables de que esas cifras sigan descendiendo. Por supuesto, no quiero criticar que, de las 1.730 desgraciadas muertes que sucedieron el año pasado, 1.331 se hayan producido en las carreteras convencionales, las que menos vigilancia y control de velocidad tienen, 294 en autovías y 105 en autopistas. Por descontado, no seré yo quién matice que 632 de estas muertes corresponden a accidentes con colisiones frontales o frontolaterales, en las que la lógica me indica que tienen más probabilidades de suceder en carreteras de doble sentido.
No digo yo que medidas como el control de la velocidad no tengan que desempeñar su papel en la seguridad vial, pero desde luego sigo teniendo claro que la velocidad, bien entendida, no causa accidentes: agrava sus consecuencias, no lo dudo, pero no los provoca per se. Tengo que recurrir de nuevo al ejemplo de Alemania: de todos es sabido que en el país germano, determinados tramos de sus autobahn (autovías) no tienen límte de velocidad, y no por ello encabezan la lista de fallecidos al volante. Claro que sus carreteras cuentan con mejor firme que las nuestras, señalizaciones más acordes con la realidad, arcenes de mayor anchura que aumentan el margen de seguridad en caso de tener que realizar una maniobra evasiva o de deternse por fallo mecánico u otra urgencia... y, sobre todo, sus conductores muestran un mayor respeto por las normas de circulación y, por extensión, de los usuarios de la vía en general. ¿No pudiera ser que, dado que no tienen límites en determinados tramos, valoran con mayor realismo que cuando hay una prohibición de exceder cierto límite responde a un peligro real o a una medida preventiva lógica? Mientras no aprendamos a conducir y, sobre todo, a circular como es debido, enmascaremos las muertes en carretera diciendo que la velocidad, o más bien, la falta de, es la responsable de seguir reduciendo tan macabra y triste estadística. Yo no me lo creo.Alberto Mauleón
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