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La esposa de Rubalcaba, por lo menos dicen que de manera oficial.

Portada del número 1.333 de Época.

La discreta señora de Rubalcaba


La mujer de Rubalcaba -química, como el vicepresidente- acaba de presentar en Madrid El dolor, un libro de divulgación científica. A pesar de ser toda una personalidad en el mundo académico y de investigación, y del poder agigantado de su esposo, Pilar Goya Laza sigue manteniéndose muy lejos de los objetivos de la prensa.



La Asamblea General de la ONU ha señalado a 2011 como Año Internacional de la Química, y uno de los objetivos de la iniciativa es resaltar el papel de la mujer en la ciencia, aprovechando que es precisamente en 2011 cuando se celebra el centenario del segundo Premio Nobel de Marie Curie. Sin embargo, y a pesar de este empeño de las Naciones Unidas, o de ese aniversario histórico verdaderamente relevante, las portadas de las revistas siguen prestando más atención a Belén Esteban que a Pilar Goya, y todos conocen que la primera es del barrio madrileño de San Blas y que trabaja en la tele, y muy pocos -o casi nadie, fuera de su círculo íntimo- saben que Pilar es una de las científicas más relevantes de España, licenciada y doctora en Ciencias Químicas, profesora de investigación en el CSIC, donde dirigió el departamento de Relaciones Internacionales; ahora es vicepresidenta de la Real Sociedad Española de Química, y directora del Instituto de Química Médica.

Si para presentarse tiene que decirlo todo, es probable que sus tarjetas de visita sean de tamaño folio. En fin, que ya que se trata de impulsar el papel femenino en la ciencia, más exactamente en la Química, podría considerarse como normal que una de las principales figuras nacionales en este campo -y que además es mujer- tuviese una mayor relevancia pública. Quizá, en esta ocasión, no todo sea culpa de los medios, ni de la dictadura de las audiencias, porque desde luego la señora Goya no aparenta ningún interés en protagonizar fotos o titulares.

No es una cuestión de timidez. Delante de un micrófono (como no podía ser de otra manera tratándose de una docente) sabe desenvolverse con eficacia, y hasta a un cómico como José Mota le sería difícil hacer una caricatura, porque no usa coletillas y gesticula lo justo con las manos. En la presentación de su libro El dolor, el pasado martes, se dirigió al público mostrando todo lo que puede llegar a apasionarse con lo suyo. “La química está en todo”- decía- “en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza”, y el paralelismo resultaba muy agudo si se tenía en cuenta que ella está casada con un químico famoso: Alfredo Pérez Rubalcaba.

La científica terminó su alocución profetizando, “la química es el futuro y el futuro está en la química”, y otra vez resultaban acertadas las palabras, porque igual podían aplicarse a la ciencia o a la política.

El caso es que todo ese talento de comunicación, valiosísimo en la divulgación científica, sigue siendo celosamente guardado para minorías. Pilar Goya no se prodiga en público más que lo imprescindible, y desde luego, nunca como señora de. Puede que incluso sea excesivo el celo con el que se oculta, porque ni siquiera intervino en la inauguración del Año de la Química, un acto que presidió Rubalcaba y en el que sólo habló una mujer, la ministra Garmendia.

Es más que probable que la carrera de su marido se haya interpuesto en más ocasiones con la suya. Quizá por eso habla con mucha admiración de Marie Curie, resaltando que supo compaginar sus investigaciones con su vida familiar, y quizá, en secreto, deseando que su esposo se hubiera dedicado a lo mismo -como hizo Pierre Curie-, y no tener que vivir ahora con la incomodidad de los escoltas y la curiosidad de los periodistas, que no se le acercan para preguntarle por el futuro de la analgesia, sino para saber si ella se imagina habitando en La Moncloa.

De momento, parece que ni siquiera le gustó tener que mudarse a la sede del Ministerio del Interior. Por aquel terrible entonces, tuvo que soportar el fallecimiento de tres de sus cuatro hermanos, algo para lo que no debe existir analgesia, y durante un tiempo se habló de que Rubalcaba se estaba planteando dejar la política para dedicarse por completo a la familia.

A pesar de esas y otras épocas durísimas, el matrimonio Rubalcaba parece seguir disfrutando de la buena química que descubrieron hace bastante, cuando eran sólo dos estudiantes de esa facultad. De él ya se conoce con detalle su biografía, hijo de un aviador del Ejército de Franco, había estudiado en el elitista colegio de El Pilar y compaginaba sus buenas calificaciones con una naturaleza diseñada para el atletismo.

Inquilina de Moncloa

Ella había nacido en Vitoria, y allí su apellido es famoso porque es el de cinco generaciones de confiteros, algo tan típico de la ciudad como el Celedón. Se sabe que también hay en su familia industriales e ingenieros, que se crió con los abuelos maternos porque sus padres se marcharon a Estados Unidos, que estudió en el Instituto Británico de Madrid (por cierto, con excelentes calificaciones), y poco más. Que preguntes por donde preguntes enseguida se extiende el silencio, y todo se reduce a alabanzas a su inteligencia, algo evidente si se mira su currículum, no hace falta para eso hacerse el interesante.

Lo público es que tras licenciarse obtuvo una prestigiosa beca en Alemania, la de la Fundación Alexander von Humboldt, y que regresó luego a España para casarse con Rubalcaba, en 1979, en un matrimonio que no ha tenido hijos. De su vida personal sabrán mucho más Jaime Lissavetzky y su mujer, Pilar Tigeras, otro matrimonio de químicos, muy amigo de los Rubalcaba, con los que incluso han veraneado en Llanes, Asturias, el destino de Alfredo y Pilar desde hace más de 25 años.

Todo lo demás es trabajo, que se cuentan por centenares sus publicaciones científicas y su dirección de tesis doctorales. Todavía guarda algo de tiempo para ejercer como vicepresidenta primera (esto de vice debe de ser un sello familiar) de la ONG Save the Children. Preguntada sobre si se ve como inquilina de La Moncloa, si es difícil compartir la vida con un tipo al que comparan con Fouché, si le gustan también las canciones de Urquijo, como a su marido o, en fin, a qué dedica el tiempo libre, se limita a responder muy amablemente que no habla nunca de temas personales. Claro que, si es verdad que el futuro es la química, o sea, el químico del actual Gobierno, no tendrá más remedio que ir habituándose a nuestras impertinencias.

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