| El almuerzo de Pepe Blanco en busca de un Feijoo contra las cuerdas |
| Un inconfundible aroma electoral empieza a desprenderse en la trastienda. Las urnas gallegas resultarán decisivas. Será una pelea a muerte entre una izquierda a la deriva y el brío del PP. |
Y es que la mesa, más allá de juntar a dos gallegos, congregó al ex vicesecretario general del PSOE y el candidato del BNG a la Xunta, las dos fuerzas destinadas a entenderse en contra del adversario común. Parece ser, por tanto, que la cita tenía más de quedada táctica que de divertimento. El tópico dice que nunca se sabe si los gallegos suben o si bajan. No obstante, la reedición de una coalición PSdeG-BNG está en la cabeza de mucha gente, pero no sería puesta sobre el tapete hasta más adelante. A la vista de los humillantes resultados de hace cuatro años, el experimento bipartito constituyó un desastroso salto al vacío. El saldo fue elocuente: Los socialistas perdieron más de tres puntos de cuota electoral tras la aventura de la mano de sus pintorescos socios nacionalistas. Pero el PSOE es como es y su cálculo estratégico le aconseja cultivar las relaciones con el Bloque. Su única prioridad pasa por impedir la continuidad del PP. Ahí está el reto del socialismo y para ello deberá observar el desenlace de una incierta aventura política promovida por el histórico nacionalista Xosé Manuel Beiras pero sobre todo temer a la UPyD de Rosa Díez que agujerea su base electoral. Pepe Blanco conoce bien los problemas del maltrecho PSdeG y, aunque salpicado por la corrupción, parece mover sus hilos. Porque el de Palas de Rei todavía resulta efectivo para una audiencia predispuesta a los trazos gruesos de la demagogia de izquierdas. De modo que por Galicia van a andar movilizados los pancarteros en algaradas callejeras en contra de un Partido Popular obligado desde Madrid y de aquí a fin de año a apurar hasta el fondo el cáliz de los ajustes y las reformas. La izquierda prepara las barricadas de los tiempos del Nunca Mais. Así de simple, así de grave. El envite electoral es de tal calibre que para añadir emoción Núñez Feijoo responde con media sonrisa: "La política se parecía antes al fútbol. Si ibas ganando el partido, tenías prácticamente asegurada la final. Pero ahora se asemeja mucho más al baloncesto. Puedes jugar tres buenos cuartos y perder en el último". En eso, tiene razón. Los acontecimientos van bastante más rápido de lo estimado en una España terminal y, lo que es peor, se están rompiendo muchos esquemas a velocidad de vértigo. En contra de ciertas voces, una referencia como la del barón gallego vertebra en el seno del PP un patrimonio esencial de credibilidad. Y ofrece un proyecto de solvencia y contraste ante el electorado. Alberto Núñez Feijoo representa, también, todo un mensaje interno. Por su propio peso político, ha sabido convertirse en la punta de lanza autonómica del centro derecha. Tanto como para rebasar el estricto marco regional para dar un futurible salto por derecho propio a la política nacional. Y no es una licencia literaria. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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