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Autor: El Caparazón
Llamamos neuroplasticidad a la
capacidad de nuestros cerebros, incluso la tendencia a adaptarse a los
cambios en el ambiente. Lo primero que cambia con las tecnologías, hemos
dicho muchas veces aquí, somos las personas, que si pensamos en la cognición,
nos vemos en la necesidad de adaptarnos a un entorno informativo mucho más
amplio y complejo que antes.
Hemos publicado antes listados de
estos cambios pero algunas lecturas recientes hacen necesario que los
ampliemos ahora con algunos puntos adicionales. Hablaremos en algún
caso sobre el desarrollo cognitivo que se está produciendo para adaptarnos a
los nuevos ecosistemas de información abundante pero también sobre cómo
potenciar algunos aspectos que se están perdiendo pero sería interesante
conservar.
1. Problemas con los patrones
de sueño.
Parece que no ocurre como con los
libros analógicos: los dispositivos electrónicos con sus pantallas luminosas,
no ayudan a conciliar el sueño sino todo lo contrario. Necesitamos, de
forma biológica y poco moldeable, oscuridad para dormir. Las luces que emiten
laptops, ebooks, etc. confunden al cerebro indicándole que es de día y
dificultando el sueño.
También aparece el denominado FOMO
(fear of missing out, miedo a quedar fuera), provocando síntomas de ansiedad,
inadecuación, irritación, etc. cuando estamos desconectados. Como
siempre el mismo aspecto puede verse en positivo, como lo hacía un libro reciente, que
relacionaba la hiperconectividad con la adaptación de las generaciones
de los Millenial al mundo del trabajo de generaciones anteriores. Las
nuevas generaciones, distintas de sus actuales jefes de generaciones X o Y
(más impulsivas, necesitadas de gratificaciones inmediatas), no distinguen de
forma tan clara tiempos de trabajo y ocio, ofreciendo ventajas a sus
empleadores.
Esto último también puede ser un
problema, provocando que en algunos países, como Francia, Alemania, etc. se
estén prohibiendo desde la legislación laboral cosas como la revisión del
correo electrónico (hablo del tema mañana por la noche en Cadena SER). Me
parece absurdo esto último pero tengo claro que es una asignatura pendiente,
una nueva competencia para el ciudadano del S. XXI la educación de la
desconexión.
2. Memoria, atención, también
limitadas.
Hemos tratado antes este aspecto
pero lo destacamos de nuevo por su importancia. Está claro que nuestra
memoria enciclopédica, de almacenamiento de datos, está cambiando cuando
podemos cumplir esas funciones a través de dispositivos electrónicos. Somos
cyborgs sin posible vuelta atrás en ese aspecto, no solo desde la aparición
de internet sino desde la invención de la escritura. Se cuenta que Sócrates
ya dijo a Platón en su momento que tenía sus dudas acerca de que la escritura
fuese buena para preservar las capacidades humanas: íbamos a perder memoria
si escribíamos lo que antes almacenábamos en nuestros cerebros.
Se ve favorecida, sin embargo, la
memoria de trabajo, aquella que con todos los datos almacenados dentro y
fuera de nuestros cerebros, opera con ellos para resolver o crear cuestiones.
Creatividad, innovación, derivan de esta y empiezan a diferenciar a las nuevas
generaciones de las anteriores de una forma drástica. Tenemos ahora, más que
en ningún otro momento en la historia, la capacidad de reinventarnos a
nosotros mismos y al mundo, no tanto a imagen y semejanza de nuestros
predecesores sino a partir de nuevas formas de creatividad.
También la atención se ha visto
afectada, con internet reduciendo los intervalos en los que somos capaces de
mantenerla. Leer libros durante largos periodos de tiempo ha dejado de ser la
norma para dar lugar a lecturas en diagonal que intentan extraer lo esencial,
perdiendo en profundidad y reflexión acerca de lo que se lee. Dedicamos un
punto completo a este aspecto pero quiero recordar aquí que parece que la
falta de concentración, sobre todo en multitarea, la dificultad en concentrarnos
cuando cambiamos de una tarea a otra, parece ser una deficiencia de adultos.
Los jóvenes, si bien no prestan atención durante demasiado tiempo a ninguna
actividad de las muchas que suelen llevar entre manos a la vez, sí son
capaces de hacer el “switch”, el cambio de atención desde una a otra
cuestión, de forma más rápida y efectiva que los no alfabetizados en el mundo
digital.
3. Leemos distinto:
preservando las 2 formas de leer.
La lectura en diagonal resulta
adaptativa en momentos de sobrecarga informativa, compitiendo con las formas
tradicionales, indudablemente más profundas. Nos lo explica Maryanne Wolf,
autora del libro “Proust and the Squid: The Story and Science of the
Reading Brain”: La lectura tradicional (slow reading), lo tiene complicado
en el reino del individuo conectado, así que tendremos que adoptar
estrategias especiales si queremos conservarla.
No va a ocurrir de forma
automática. Nuestros cerebros, de hecho, no están especialmente diseñados
para la lectura. No existen orígenes genéticos de la lectura como sí
parecemos tenerlos para la visión o el lenguaje. Debemos considerarla una
tecnología, una invención humana desde los jeroglíficos egipcios al alfabeto
fenicio, pasando por Gutenberg y la imprenta o la actual digitalización.
Nuestros cerebros se adaptaron en
su momento a la lectura lineal, apoyada en la localización física de los
conceptos que proporcionaban papiros, libros, etc. Esto último se considera
todavía, de hecho, una ventaja del papel sobre el e-book. Pero en Internet
el tema cambia, la lectura se convierte en no-lineal (escaneo rápido,
búsqueda de palabras clave, lectura en diagonal, etc.), afectando a la forma
en que consumimos cualquier tipo de medio.
Parece, además, que no somos
demasiado conscientes de ello. Un estudio de 2012 con jóvenes demostraba que
la comprensión de textos ante una pantalla o ante el papel cambia y aunque
creemos que somos mejores cuando leemos ante una pantalla bajo presión
temporal, no es así, resultando el papel objetivamente mejor.
En fin… no estamos diciendo que
debamos limitar la lectura digital sino, como decíamos al principio del
artículo, que las dos formas de lectura pueden ser complementarias y
adaptativas para distintas situaciones. Apostar por la lectura
bimodal, reaprender a leer “lento”, comenta Wolf, en la línea de entrenar la desconexión
que también preconizamos aquí, resulta una prioridad importante hoy.
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