Impuestos de carácter temporal. ¿Quién se lo cree?

Impuestos de carácter temporal. ¿Quién se lo cree?

Decir «impuestos de carácter temporal» es una manera más de engañar a los ciudadanos cuando se anuncia un nuevo impuesto o gravamen de cualquier tipo. El ejemplo más escandaloso lo tenemos con el impuesto de patrimonio, nacido en 1978 con carácter extraordinario y por lo tanto transitorio... Y ahí lo tenemos todavía dando guerra siendo como es, además, uno de los impuestos más injustos que existen. ¿Impuestos de carácter temporal? Cuando eso nos dicen, mentira segura.

Loterías - Impuestos de carácter temporal

#Impuestos de carácter temporal
Impuestos de carácter temporal. Otra mentira más
Recordemos (estas cosas no conviene olvidarlas, aunque solo sea para darnos cuenta de quiénes nos engañan y roban a diario e intencionadamente) que en el año 2011, el señor Montoro nos engañó (no era la primera vez y lo hizo a sabiendas, como ahora comentaré) con aquello de que el nuevo impuesto de loterías que se había sacado de la chistera sería uno de esos impuestos de carácter temporal.

¿Para qué dijo que se implantaba el impuesto de loterías? - Impuestos de carácter temporal

Según dijo Montoro, el objetivo de ese nuevo impuesto que, entre otras cosas, acabó definitivamente con el espíritu navideño, era combatir el déficit de los ejercicios 2013 y 2014. Siendo así... ¿por qué sigue vigente y, además, está previsto que figure en los próximos presupuestos del Estado para 2017?

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¿Por qué digo que nos engañó desde el principio?
Parece evidente que así fue porque ya cuando se publicó en el BOE en septiembre de 2012, se omitió cualquier referencia a la temporalidad del impuesto. ¿Mentiras premeditadas?
Aprovecho también para recordar que la propia lotería (impuesto aparte) es de por sí un importante ingreso para el gobierno. Es un negocio con altos beneficios y, además, cuando algún premio no se reparte... se convierte en más beneficio. Es por eso que el impuesto de loterías resulta de por sí incoherente y de muy mal gusto.
Ramón Cerdá