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lunes, 3 de agosto de 2015

Defectos registrales, la absurda manera de calificar.


Defectos registrales, la absurda manera de calificar.


Lo de los defectos registrales es algo que para mí está en el día a día, y lo sobrellevo con bastante estoicismo y dignidad, pero siempre sale alguna cosilla que me estresa algo más de lo habitual. Y no hablo de grandes defectos registrales que requieran de mucho trámite para solucionarlos, o que incluso sean insalvables; a veces son más bien tonterías, pero tonterías que reflejan lo mal que funcionan las cosas a veces (a menudo, debería decir).

Defectos registrales, una anécdota reciente

Lo llamaré anécdota más que defectos registrales porque tiene relativamente poca importancia, pero como digo, tiene a la vez su enjundia y creo que hay que comentarlo. En este caso me refiero al Registro Mercantil de las Palmas y sobre unas cuentas anuales.
#defectos registrales
Algunos defectos registrales son de risa
Ahora ha pasado algo parecido en las Palmas, pero lo más curioso es que nos llegan las cuentas con dos defectos:
1.- La huella digital es errónea, por lo que existe la imposibilidad de verificar el contenido del soporte digital que contiene las cuentas anuales (Artículo 336.1.3ª del RRM)
2.- El código CNAE consignado en la hoja identificativa relativa a la única actividad principal desarrollada durante el ejercicio social, no se corresponde con el desglose que resulta de la Clasificación Nacional de Actividades Económicas […]
Ciertamente el primer defecto es lo que ya había ocurrido en Barcelona en 2009, pero lo que nos descoloca es el segundo defecto. Nos ponemos a comprobarlas todas y parece que lo tenemos bien, además, en otros registros no hemos tenido problemas. ¿Qué ha pasado?
Al final, y después de hablar con el Registro, resulta que nos dicen que el segundo defecto aparece a causa del primero, o sea que, como no han podido leer el disco, pues dicen que todo está mal y que no coincide el número que, lo que pasa, es que no han visto. La verdad es que es para alucinar. Además, comprueban los discos antes de recoger los defectos y ¡milagro! Ahora sí que se leen.
Cada vez lo entiendo menos.
Ramón Cerdá
 
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